No existe un ejercicio que pueda ser definido como, exclusivamente,
“quemador de grasas” o “quemador de carbohidratos”.
Además, si estamos interesados en optimizar el gasto calórico
y uso de las grasas como fuente de energía, tal distinción
es irrelevante e innecesaria. Durante el reposo, cada Caloría
empleada para sostener las distintas funciones metabólicas
del organismo proviene de la combustión tanto de las grasas
como de los carbohidratos. En el individuo normal se usa cerca
de un 60% de grasas y 40% de carbohidratos para proveer la energía
requerida por el cuerpo en reposo. Durante el reposo, se gastan
cerca de 1,5 kilocalorías (kcal) o Calorías (Cal)
por minuto (McArdle et al., 1991).
La mayoría de las personas creen que es necesario ejercitarse
por, al menos, 20 minutos trabajando a baja intensidad para “quemar
grasa”. Primero, echemos por tierra el mito de los 20 minutos.
El “reposo” es, indiscutiblemente, una actividad cuyo
nivel de intensidad, aunque extremadamente bajo, exige un cierto
consumo submáximo de oxígeno. Un individuo es sumamente
“aeróbico” durante el reposo y está
empleando grasas para cumplir con estos requerimientos mínimos
de energía (aproximadamente 1,5 kcal / minuto). Es evidente
que no es esencial cumplir con un mínimo de 20 minutos
de ejercicio aeróbico para comenzar a emplear la grasa
como fuente de energía, dado que el 50-60% de la energía
empleada durante la actividad de baja intensidad proviene de la
combustión de la grasa. Debemos admitir que el reposo no
representa un nivel de esfuerzo muy eficiente respecto al gasto
calórico, aunque resulta evidente que la grasa constituye
la principal fuente de energía.
Según la actividad se aumente por encima del nivel de reposo,
se sabe a ciencia cierta que se gastan más carbohidratos
y menos grasas por cada caloría gastada. La mala interpretación
de esta información a menudo conduce a conclusiones erróneas
respecto a la intensidad óptima de ejercicio para maximizar
el gasto calórico total y el de grasas.
Otro factor necesita considerarse para comprender el panorama
global. A medida que un individuo incrementa la intensidad del
ejercicio que lleva a cabo, inhala y utiliza mayor cantidad de
oxígeno. Cada litro de oxígeno utilizado corresponde
a 5 Calorías gastadas o “quemadas”.
Hagamos un recuento de lo que tenemos hasta ahora y anexemos el
“factor oxígeno”. Si bien es cierto que al
incrementarse la intensidad del ejercicio, una menor proporción
de las calorías gastadas provendrá de la combustión
de las grasas, al final del ejercicio más intenso, más
oxígeno habrá sido consumido durante un cierto tiempo.
Más oxígeno consumido equivale a más calorías
gastadas en total dada la relación descripta anteriormente
de 5 Calorías por cada litro de oxígeno consumido.
Por lo tanto, un porcentaje menor de calorías provenientes
de la combustión de las grasas, multiplicado por un mayor
gasto calórico total, hace que, en términos absolutos
se “queme” una mayor cantidad de grasas.
Respondamos ahora a la pregunta: “¿es más
importante el porcentaje de grasas “quemadas”, o el
gasto calórico total?” En términos de pérdida
de grasa, la mayoría de los expertos coincide en señalar
que el porcentaje de grasa o carbohidratos gastados durante la
actividad no es realmente importante. En cambio, lo que sí
es trascendente es el gasto calórico total completado durante
la actividad (Kaminsky et al.; Ballor, 1990).
Profesor Hernán Brisco
Lic. en Alto Rendimiento Deportivo
Profesor Nacional de Educación Física
Técnico Superior en Musculación Deportiva
I.S.T.A Personal Trainer
I.S.S.A Personal Trainer
N.P.T.A. Personal Trainer
Certificación I.S.A.K. y Nautilus